El contraste en la música, volver visible lo invisible (y viceversa).

Para que puedas visualizar el texto que hay debajo, entre los vídeos, es necesario que lo selecciones con el ratón 

El motivo por el que no puede verse el texto es por la falta de contraste: el fondo es blanco y el color del texto también. La premisa de este artículo es bastante clara: si la falta de contraste vuelve invisible las cosas, jugar con el contraste puede hacer que algo que parecía que no estaba ahí aparezca, se disuelva o simplemente quede latente de un modo subliminal.

No está mal la idea, ¿no?.

El contenido de algo es esencial pero su percepción puede ser muy distinta dependiendo de lo que coloquemos al lado.

Durante mucho tiempo, como músico, me he preocupado más del contenido que del modo en que lo presentaba. Una buena melodía lo es, la cante quien la cante o la toque el instrumento que la toque, siempre que lo haga correctamente. Pero también es cierto que no sonará igual esa melodía tocada, por ejemplo, por una flauta dulce que por un regimiento de gaiteros. Y lo más curioso es que sonará con más fuerza por las gaitas si justo antes la hemos escuchado por una sola flauta, debido a la fuerza del contraste.

El mayor contraste que existe es el de los opuestos (en términos artísticos eso no es ni mejor ni peor). Ese es el contraste que le da sentido a las cosas, es el más radical. La música existe porque también existe la ausencia de ella. Creo que es del Taoísmo la frase de “el ser y el no ser se engendran mutuamente”.

Cada elemento tiene sus propios contrastes dentro de sí mismo, por ejemplo un sonido puede ser fuerte o débil, puede ser grave o agudo, puede estar, en su contexto, afinado o desafinado, a tiempo o a destiempo etc…
Esos contrastes también le otorgan su razón de ser, para que algo suene agudo tiene que haber algo que suene grave, para que algo suene débil es necesario que pueda sonar fuerte.

Como al parecer los polos opuestos se engendran mutuamente, en sus respectivos contextos, el contraste entre ambos les dará un mayor énfasis.

Todos los elementos son contrastables, y todos pueden beneficiarse de ese elemento de acentuación. En cuanto a tesitura un grave lo percibiremos más grave después de un agudo y un agudo nos lo parecerá más después de un grave.

Una de las características de la música de Mozart,( y uno de los elementos que supuestamente influían en el llamado efecto Mozart, el cual al parecer no ha podido ser demostrado) son los cambios bruscos de tesitura, en particular de grave a agudo (otro potente generador de dopamina según algunos estudios…)

En este tema se aprecian claramente importantes contrastes de volumen. En dinámica siempre será más efectista un “forte” después de un “piano” (sonido con bajo volumen) y un “piano” adquiere una presencia muy distinta cuando aparece sólo, a cuando aparece a continuación de un “fortísimo”.

En la agógica pasa igual, la sensación de velocidad es mayor, por ejemplo, cuando aparece después de un tempo lento mediante un acelerado progresivo que cuando simplemente es constante.

Me viene a la cabeza ahora (por contrastar con el vídeo anterior) la música electrónica y algunos géneros del Hardcore, como el Hardstyle, por ejemplo, donde se ha llevado hasta el extremo el contraste entre la parte suave del tema y la parte “cañera”, para que esta última sea más llamativa:

 

 

Esa es la base del contraste en cualquier estructura musical, a partir de ahí todo es contrastable. Elementos acústicos con elementos electrónicos, elementos tonales con elementos disonantes y atonales, cambios bruscos de estilo, elementos temáticos, una idea con otra idea, etc.

Los contrastes además no sólo se usan para enfatizar sino también para conseguir cockteles de sensaciones cuanto menos curiosas.

El Tubular Bells de Mike Oldfield es un buen ejemplo de diferentes tipos de contrastes. Y ese es uno de los principales motivos de que haya llegado a ser tan popular.

El Dubstep probablemente también deba parte de su éxito a los contrastes que hay tanto en su estructura como entre los diferentes elementos tímbricos y rítmicos.

 

Prácticamente toda la teoría del contrapunto clásico está basada en la obtención de un contraste entre las voces que permita que cada una de ellas tenga independencia y puedan seguirse (o casi) por el oído mientras el resto de voces están sonando.

El contraste es fundamental para que algunos elementos sobresalgan y se dejen ver. Pero el mayor contraste puede terminar siendo “invisible” cuando nos habituamos en exceso a él.

Un bombo de batería, una sencilla línea de bajo, una guitarra de relleno, un charles haciendo negras, etc, son elementos que contrastan mucho entre sí pero de tanto escucharlos juntos han terminado formando (para el oyente medio sobre todo) una sola pieza. Dejando de ser el contraste el arma principal por el que pueden destacar.

En el último tema de Mei Ming, estos elementos que al estar acostumbrados a su presencia no solemos “ver” (salvo que estemos pendientes de ellos), aquí adquieren un relieve especial debido a su ausencia al comienzo de la canción. Conforme van apareciendo cobran, al menos por un momento, un papel protagonista. Se dejan ver por la simple razón de que anteriormente no estaban.

¿Cuántas veces hemos notado la importancia de algo (o de alguien) sólo al echarlo de menos?

Este tema además “experimenta” el efecto contraste en otros aspectos, por ejemplo, usando una música alegre para una letra que, en principio, no lo es en absoluto. Entre las guitarras, donde se apoya la principal parte instrumental también hay un importante contraste por el tipo de guitarra, sonido e interpretación escogidos, que permite que puedan escucharse unas sobre otras y sobresalir cuando es necesario.

El tema principal de este artículo, el contraste, da para mucho, para muchísimo. Me quedo realmente con ganas de seguir desarrollando este tema pero me comprometí conmigo mismo a no sobrepasar las dos páginas del “Writer”.

En todo caso me gustaría terminar con una idea que sintetiza parte de todo esto:

Para que algo deje de ser “invisible”, en su grandeza o en su mediocridad, sólo hay que colocar junto a él algo lo suficientemente diferente…

…y viceversa.

Juan Ramos

Desde: juanramosblog.blogspot.com.es

Facebook
Twitter
Linkedin0
Google+0
GMail0
SMS0
Whatsapp0